El entretenimiento multimedia como causa de la falta de sexo.

Recuerdo con cierta nostalgia uno de aquellos viajes de adolescencia cuando uno de mis amigos nos invitó a su pequeño pueblo. Uno de esos emplazamientos rurales donde sus habitantes aún saludan a todo el mundo y la fiesta local es el evento más importante del año. Donde la gente apaga sus televisores en verano y los mayores sacan sus sillas de mimbre a la puerta. Mientras, los jóvenes corretean por las calles o disfrutan de la piscina municipal.

En una de aquellas largas sobremesas en familia nos hallábamos reunidos mis amigos y yo, mientras los parientes entraban y salían por el patio de una casa permanentemente abierto. Los abuelos, por su parte, nos contaban historias de aquel lugar. De cómo los tiempos cambian y las personas ya no tienen tiempo para nada.

En una de aquellas bucólicas conversaciones salió a relucir el tamaño de la numerosa familia. Acto seguido, todos se giraron hacia la abuela, la más sabia del lugar, como si tratasen de recibir una lección trascendental. Su respuesta fue concisa: “Claro hijos, es que entonces no había tele”.

Probablemente tenía razón. Los tiempos han cambiado. La tecnología, el estrés y la falta de tiempo han entrado en nuestras vidas de forma abrumadora. Estos cambios han modificado nuestro ritmo de vida. ¿Pero cuando encontramos el momento para lo realmente importante?

¿Cuántas horas dedicamos al entretenimiento multimedia, curiosear en internet o comprobar los avisos de nuestro imprescindible teléfono móvil? Lo achacamos al cansancio, al trabajo o a encontrar nuestro momento de relajación. ¿Y dónde quedan las conversaciones reales? ¿Cuándo pasamos tiempo en familia? ¿En qué momento disfrutamos de nuestra pareja?

Practicamos sexo un 12% menos que hace 20 años.

Según un estudio de la Universidad Estatal de San Diego y la Universidad Widener, los adultos, tenemos relaciones sexuales con menos frecuencia que hace 20 años. Este estudio basado en encuestas y registros médicos de casi 27 mil personas, con y sin pareja, determinó que mientras en 1990 los adultos practicaban sexo una media de sesenta veces al año, en 2010 esta cifra disminuyó en un 12%. Preocupante ¿no?

Expertos sexólogos en la materia exponen como causas principales el estrés cotidiano y laboral, el aumento del consumo de antidepresivos, la crisis económica o el desempleo. Pero los autores de dicho estudio sugieren otras causas: La aparición de las redes sociales como forma de entretenimiento multimedia.

Tal vez este artículo debería haberse llamado “De como Netflix está remplazando el tiempo en pareja”. Y no, por pareja no cuenta nuestra Smart TV.

Hace poco conocíamos las declaraciones de Reed Hastings, CEO de Netflix, en las que calificaba al sueño como su principal competencia.

Lo cierto es que este tipo de soluciones al entretenimiento tienen sus ventajas. No vamos a negar que las nuevas modalidades como Netflix, HBO o los ya clásicos canales de pago, ofrecen un plus de diversión bastante recomendable. Pero debemos dejar tiempo para la, más clásica aún, comunicación real.

La comunicación es vital para solucionar los problemas de la convivencia.

Si en nuestras relaciones de pareja no hay una comunicación, inevitablemente se generan sensaciones de  frustración. La convivencia se resiente y surgen problemas de pareja ante las pequeñas dificultades del día a día. Por eso es más necesario que nunca prestar atención a las necesidades, los deseos y las expectativas de la otra persona, precisamente porque es más fácil evadirnos de esta responsabilidad.

Los expertos recomiendan mantener vivos los encuentros y la intimidad de la pareja. Estar en contacto, comunicarse. Es también importante cambiar de ambiente, aportar novedades, cambiar los roles e introducir alicientes para salir de la rutina sexual. Ser  más interesantes que la última maratón de Juego de tronos requiere un esfuerzo extra, y compromiso.

Ya sabemos que Netflix y HBO tienen series de lo más absorbentes pero en Flamma recomendamos priorizar nuestras metas. Hay tiempo para todo y la pareja es lo primero.